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domingo, 30 de abril de 2023

SOR JUANA INÉS DE LA CRUZ o LA PASIÓN POR EL CONOCIMIENTO

 

 

A continuación se transcribe la conferencia de Dª Antonia Pascual Carnicero, pronunciada en fecha 30 de marzo de 2023, dentro de nuestro ciclo de conferencias.

La ponente es licenciada en Filología Hispánica (Universidad de Zaragoza), Filología Italiana (Universidad de Santiago de Compostela) y graduada en Historia del Arte (UMA). He dedicado su vida laboral a la enseñanza de la lengua y la literatura.

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SOR JUANA INÉS DE LA CRUZ o LA PASIÓN POR EL CONOCIMIENTO

 Antonia PASCUAL CARNICERO

  

Conocida como la décima musa o la Fénix de México, Sor Juana Inés de la Cruz, es una de las figuras más asombrosas y más complejas del siglo XVII. No solo es el escritor más importante de toda la literatura novohispana, sino también la única mujer polímata en la lengua española. Un polímata no es otra cosa que un erudito, una persona culta que se caracteriza también por un afán irreductible de saber, por una curiosidad inconmensurable. Juana es la polímata del barroco hispano, sobre todo si tenemos en cuenta las múltiples actividades a las que se entregará.

La influencia del barroco español, visible en su producción lírica y dramática, no llegó a oscurecer la profunda originalidad de su obra. Su espíritu inquieto y su afán de saber la llevaron a enfrentarse con los convencionalismos de su tiempo, que no veía con buenos ojos que una mujer manifestara curiosidad intelectual e independencia de pensamiento.

Juana Inés Asbaje y Ramírez era hija natural de un militar español y de una criolla. Nace en 1651 en San Miguel de Nepantla –aunque se baraja también la fecha de 1648- y fallece en1695 en ciudad de México. Mostró desde muy niña un excepcional amor por el estudio, “este natural impulso que Dios puso en mí”. En un texto autobiográfico, la poeta cuenta que su amor por las letras se dio –y así lo dice– “desde que me rayó la primera luz de la razón”, y que, a la edad de tres años, siguiendo a su hermana, tomó lecciones y aprendió a leer. Fue una niña autodidacta, pues la instrucción estaba reservada para los hombres.

 Era tal su pasión por el estudio y el conocimiento que, se abstuvo por ejemplo de comer queso, puesto que había oído decir “que hacía rudos”, es decir, que entontecía a las personas. Según el Padre Calleja, primer biógrafo de Sor Juana, a los ocho años compuso una loa para la fiesta del Santísimo Sacramento en una especie de concurso poético en el que se ofrecía como premio un libro; Sor Juana, emocionada, concursó y ganó. De esa loa está perdida, lo único que se sabe es que probablemente estaba escrita en náhuatl”.

Con catorce años fue dama de honor de Leonor Carreto, esposa del virrey Antonio Sebastián de Toledo. Apadrinada por los marqueses de Mancera, brilló en la corte virreinal de Nueva España por su erudición, su viva inteligencia y su habilidad versificadora.

Entre los 15 y 16 años de edad, se declaró “negada al matrimonio” y decidió ingresar como novicia, primero en las carmelitas descalzas y definitivamente en las jerónimas, buscando la tranquilidad del convento y un lugar donde se le permitiera estudiar, pues solo de este modo podía ejercer la libertad que buscaba en relación con sus aficiones intelectuales. Además, aquí cumplirá funciones como contadora y archivista. Ella misma señala que tomó la decisión por parecerle que era “lo menos desproporcionado y lo más decente que podía elegir”.” Vivir sola... no tener ocupación alguna obligatoria que embarazase la libertad de mi estudio, ni rumor de comunidad que impidiese el sosegado silencio de mis libros”, escribió. 

En la soledad de su celda se dedicó al estudio, que consideraba como su descanso “en todos los ratos que sobraban a mi obligación... sin más maestro que los mismos libros”. El amor por las letras la llevó a estudiar diversas materias, “sin tener para alguna particular inclinación, sino para todas en general”, siendo su meta el estudio de la Teología; considerando que para llevarlo a cabo era necesario primero “subir por los escalones de las ciencias y artes humanas”.

En la corte tuvo una segunda formación. Ahí aprendió literatura cortesana y se relacionó con grandes intelectuales de la época, como Carlos de Sigüenza y Góngora.

Ella relató que en alguna ocasión para reprenderla por dedicarse más a la vida intelectual que a la devoción, se le prohibió estudiar. Entonces comenzó a hacer deducciones filosóficas y científicas de aspectos de la vida cotidiana. Tal era su propensión al conocimiento.

Toda su vida luchó por el derecho intelectual de las mujeres a estudiar, y lo defendió con reflexiones y acciones políticas, valiéndose de sus relaciones y amigos. Siempre dijo que su capacidad de entendimiento era un don de Dios. ¿Quién podía refutarle a Dios habérselo dado? Nadie podía contravenir eso.

Su pasión por el conocimiento abarca no solo la literatura sino también la ciencia y los avances e inventos de la época, los clásicos griegos y romanos, así como lógica, retórica, física, música, aritmética, geometría, arquitectura, historia y derecho. Escribió un tratado de música, hoy perdido, titulado El Caracol, e incluso recetarios cocina (llegó a inventar una receta de mole).

Dice Octavio Paz acerca de la pasión de Sor Juana por el conocimiento: “por saber designa no sólo a las ciencias y a la filosofía sino a lo que en aquella época se llamaba letras humanas y que abarca en primer término a las literaturas clásicas.”

Era de carácter afable y se ganó el afecto de sus hermanas de religión. Aunque no podía escapar del todo de la convivencia en el convento, se impuso la disciplina de “no entrar en celda alguna si no me obligase a ello la obediencia o la caridad” para no robar tiempo al estudio, tomando de vez en cuando un día, a fin de que no la tomaran por “áspera, retirada e ingrata al no merecido cariño de mis carísimas hermanas”. Atendió diligentemente sus obligaciones y entre los muros del convento floreció su obra. Fue ampliamente reconocida como escritora, aunque ella misma declaró en su Respuesta a Sor Filotea de la Cruz, que siempre escribió por encargo.

La obra de Sor Juana, que fue muy extensa, circuló inicialmente de forma manuscrita. Pero pronto se publicaron en España los tres tomos de sus obras completas, el primero con la ayuda de la marquesa de La Laguna y éste y el siguiente en vida de la autora, cosa que no era común en la época. Eso hizo que su obra fuese conocida rápidamente en la península y que fueran representadas sus obras teatrales. El título de su primera publicación revela el prestigio y respeto inspirado por sor Juana: Inundación Castálida de la única poetisa, Musa Décima, sóror Juana Inés de la Cruz, religiosa profesa en el monasterio de san Jerónimo en la imperial ciudad de México, que en varios metros, idiomas y estilos fertiliza varios asuntos con elegantes, sutiles, claros, ingeniosos, útiles versos, para enseñanza, recreo y admiración.

Su obra literaria abarca los tres géneros literarios de Poesía, Teatro y Prosa, género que la poetisa siente ajeno a su expresión, al contrario del verso, que le parece tan connatural a ella como el acto de hablar. Así lo declara con cierta pedantería en la Respuesta: «Pues si vuelvo los ojos a la tan perseguida habilidad de hacer versos que en mí es tan natural, que aún me violento para que esta carta no lo sea» (O. C., IV, p. 469). Aunque cuantitativamente lo que más cultiva es el teatro, la poesía es lo que la hace ser más conocida y reconocida, aparte de las polémicas suscitadas por su Carta Atenagórica y La Respuesta como veremos más adelante. Pero es interesante efectuar un repaso general de su obra en prosa y en teatro, antes de profundizar en su poesía.

Pero antes hemos de recalcar que esta dedicación al conocimiento en general y a la literatura en particular lo hará con una pasión y una competencia realmente asombrosas, así, por ejemplo, Sor Juana escribirá poesía en todos los principales metros de la época, redondillas, sonetos, empleará todos los recursos literarios propios de Barroco, contrastes, retruécanos, hipérbaton, teatro tanto religioso y como profano.

La crítica ha dicho de ella que representa la culminación de la literatura barroca mediante una síntesis de lo mejor del culteranismo y también del conceptismo Sor Juana Inés de la Cruz compuso gran variedad de obras teatrales.

La crítica divide estas obras en cuatro géneros: Festejos a lo humano, Festejos a lo sacro, Loas y Villancicos. En el primer grupo tres comedias: La segunda Celestina, en colaboración con Agustín de Salazar y Torres. Los empeños de una casa (inspirada en Los empeños de un acaso de Calderón) en la que se invierten los modelos habituales de la época; ya que la protagonista escoge a su marido, lo describe tal como lo haría un hombre de una mujer, y un criado se disfraza de mujer (no la inversa como era habitual). Ha sido considerada, a menudo, como la cumbre de su obra dramática. El manejo de la intriga, la representación del complicado sistema de relaciones conyugales y las vicisitudes de la vida urbana la convierten en una obra poco común dentro del teatro de la Hispanoamérica colonial.

Por último, Amor es más laberinto, sobre el mito de Teseo y el Laberinto de Creta, en colaboración con Juan de Guevara, que es una refundición de El laberinto de Creta de Lope y se trata de una comedia galante, ingeniosa y chispeante que se estrenó para festejar el cumpleaños del virrey Conde de Galve.

Respecto a los Festejos sacros, escribió tres autos sacramentales: El divino Narciso; El mártir del sacramento, san Hermenegildo y El cetro de José. El primero es el más conocido, original y completo. A modo de alegoría mítica, representa la culminación de la tradición del auto sacramental, llevada a su punto más alto por Calderón de la Barca, de quien Sor Juana toma la mayoría de los elementos de su obra. Llama la atención la inclusión en la obra del tema de la conquista de América y de tradiciones de los pueblos nativos del continente, como un rito azteca en honor a Huitzilopochtli, para introducir la veneración de la Eucaristía y ligar las creencias precolombinas con el catolicismo hispánico. En El cetro de José también se sirve de la América precolombina para relatar una historia con tintes bíblicos.

Según Villarrutia, aunque no se traten de obras de primer orden son interesantes para la época y muestran influencias calderonianas. Y Octavio Paz señala, que no es indigna frente a los autos de Calderón.

En cuanto a los Villancicos, se mencionan 12 originales y 10 atribuibles, escritos entre 1676 y 1692. Estas obras gozaron de un general aplauso de la crítica y en ellas domina la sencillez y el tono popular, pero sin hacer concesiones a la vulgaridad. Estas composiciones tuvieron un gran éxito por lo que recibió numerosos encargos.

Y por último, en cuanto a Loas recoge 18: Éstas tenían entidad propia (aunque formasen parte de Comedias o Autos sacramentales) y eran obras de tono culto que incluían alabanzas a los personajes homenajeados y solían ser representadas en palacio. Según indica González Boixo son excesivamente aduladoras y artificiosas, como lo eran todas esas composiciones en el siglo XVII, lo que las hace desfasadas del gusto literario actual.

Hemos visto cómo dedicó su vida al estudio, derecho que reivindicó como mujer frente a las persecuciones en las que, por este motivo, se vio envuelta: su verdadera vocación no fue religiosa, sino intelectual.

Sin embargo, Sor Juana estará muy pronto en el ojo del huracán de la vigilancia religiosa y como consecuencia también se va a producir el episodio más desagradable de su vida, escrito en prosa y de forma autobiográfica: es la carta Atenagórica. Fue un escrito muy arriesgado que ella pretendía que circulara solo entre los más íntimos, entre sus hermanas en el convento y entre sus amigos intelectuales, porque era un texto problemático en él que Sor Juana se permitía establecer una acción clara de hybris, es decir, un acto de arrogancia rebatiendo las ideas del predicador más importante del momento, el padre portugués Antonio Vieira, con quien discrepa abiertamente, pues la carta Atenagórica -que, como decimos, pretendía Sor Juana permaneciese en el ámbito de lo privado, de lo íntimo exclusivamente- es publicada contra su voluntad por el obispo de Puebla, Manuel Fernández de Santa Cruz, bajo el seudónimo de ‘Sor Filotea’, quien le escribió una carta recriminándole un pretendido abandono de la literatura religiosa y por su afecto a las letras profanas. ‘Mucho tiempo ha gastado Vuesa md. en el estudio de filósofos y poetas; ya será razón que se perfeccionen los empleos y que se mejoren los libros’. Claramente, esto fue una reprobación de un superior.

En 1691 Juana responde al obispo (Sor Filotea de la Cruz) en ese documento autobiográfico, un texto que se puede considerar como una declaración de su vocación, y, a su vez, es una confesión espiritual; pero también es una biografía intelectual de mucho calado. Se trata de una argumentación que combina humildad y audacia, “con la verdad y claridad que en mí siempre es natural y costumbre”.

La escritora, en Respuesta a sor Filotea, defendía su labor intelectual y hacía una defensa del acceso de las mujeres al conocimiento y al estudio.

Para ello, mediante un relato autobiográfico mostraba los obstáculos que ella misma debió sortear para entregarse a su amor por el conocimiento, sus deseos de ir a la Universidad, así como su rechazo al matrimonio: “Yo confiesso que me hallo muy distante de los términos de la sabiduría y que la he deseado seguir, aunque a longe. Pero todo ha sido acercarme más al fuego de la persecución, al crisol del tormento, y ha sido con tal extremo, que han llegado a solicitar que se me prohíba el estudio. Una vez lo consiguieron con una Prelada muy santa y muy cándida que creyó que el estudio era cosa de Inquisición y me mandó que no estudiasse”.

Además, defendía su causa aportando numerosos ejemplos del tipo de materias imprescindibles para alcanzar ese conocimiento, incluyendo las religiosas: “Es no sólo lícito pero utilísimo y necessario a las mugeres el estudio de las Sagradas Letras”.

Veamos la imagen de su quehacer mental, por medio de sus propias palabras, a través de esta autobiográfica de inestimable valor, la carta Atenagórica y la respuesta de sor Filotea de la Cruz:

Yo no estudio para escribir, ni menos para enseñar (que fuera en mí desmedida soberbia), sino sólo por ver si con estudiar ignoro menos. Así lo respondo y así lo siento”.

Desde niña, “podía conmigo más el deseo de saber que el de comer”.

De joven, “…el pelo crecía aprisa y yo aprendía despacio y con efecto le cortaba […] que no me parecía razón que estuviese vestida de cabellos cabeza que estaba tan desnuda de noticias, que era más apetecible adorno”.

“Entréme religiosa, porque […] para la total negación que tenía al matrimonio, era lo menos desproporcionado y lo más decente que podía elegir en materia de la seguridad que deseaba de mi salvación […] querer vivir sola […] no querer tener ocupación obligatoria que embarazase la libertad de mi estudio, ni rumor de comunidad que impidiese el sosegado silencio de mis libros”.

“Pensé que huía de mí misma, pero ¡miserable de mí!, trájeme [al convento] a mí conmigo y traje mi mayor enemigo [el deseo de estudiar] en esta inclinación, que no sé determinar si por prenda o castigo me dio el Cielo, pues de apagarse o embarazarse con tanto ejercicio que la religión tiene, reventaba como pólvora, y se verificaba en mí el privatio est causa appetitus [la privación es causa de apetito]”.

“Bien dijo Lupercio Leonardo: Que bien se puede filosofar y aderezar la cena. Y yo suelo decir viendo estas cosillas: Si Aristóteles hubiera guisado, mucho más hubiera escrito.(…).”

El contexto en que vivió Sor Juana era adverso, y mucho más para la mujer, a pesar de que en 1600 había comenzado una revolución en las mentes occidentales con el inicio de ‘la Era de la Ciencia’, la Nueva España se negaba a cambiar. El velo medieval, desgarrado por Kepler y Galileo, era zurcido sin descanso por el clero novohispano.

Como muy bien apunta Jesús G.Maestro la envidia es la forma más siniestra de admiración, y ella fue envidiada por todos, por ellas y ellos.

En relación con la poesía, hay que subrayar que Sor Juana ocupa en el campo de la lírica el lugar más destacado del periodo final del Barroco hispano y destaca por una deslumbrante belleza sonora, ingenio refinado y profundidad filosófica. Heredera de una cultura que había llegado a su apogeo, supo transmitir lo mejor de las corrientes poéticas de su época: la brillantez culterana de sus versos gongorinos junto al ingenio conceptista de Quevedo y Calderón. En la poesía de la Décima Musa se muestra el contenido del barroco como movimiento cultural y movimiento artístico de la época tanto de España como de la Nueva España. Su obra poética catalogada por Octavio Paz como un producto artístico que nació inspirado en la belleza misma del objeto poético que en este caso es la mujer. Sin embargo, hay críticos que van más allá y aseguran que a través de sus versos Sor Juana tenía la intención transgresora de afirmar su identidad femenina frente a un mundo de hombres.

La poesía profana de Sor Juana, que representa la mitad de su producción, se puede clasificar en amatoria, religiosa, laudatoria, filosófica, satírica y también científica. Por el contrario, solo compuso dieciséis poemas religiosos durante su vida, lo que muestra el poco interés que la monja tenía por cuestiones religiosas. Pero es Primero sueño, publicado en 1692, su poema más importante y la única obra que escribió por gusto. También es el más largo de sus poemas con sus 975 versos. Su fuente estilística son las obras de Góngora, principalmente las Soledades, de donde toma el lenguaje con que está escrito. Ha sido considerado un poema único en la lírica castellana del Siglo de Oro, puesto que hermana poesía y pensamiento en sus expresiones más complejas, sutiles, filosóficas e incluso místicas, algo no frecuente en su tiempo.

De Primero sueño, ejemplo de la lírica de amor y desamor, destacamos el soneto “al que ingrato me deja busco amante”. Se trata de una antítesis dónde se van a oponer los verbos dejar, seguir, adorar, maltratar y también los sustantivos como ingrato frente amante, notamos también el ritmo que tiene este soneto, sobre todo por la palabra amante que se va a repetir en diamante y triunfante, esto que parecería cacofonía no lo es, es simplemente la forma y el contenido que Sor Juana nos da para que encontremos ese trato de amor como un diamante, como una piedra muy fuerte que mata pero qué es lo más importante del soneto, puesto que hay una especie de yo adoro pero no me quieren y aquel que me adora yo no lo quiero. Este triángulo proviene de la comedia de enredo que también podemos ver en Los empeños de una casa y, finalmente, en los epigramas latinos que también trataban la cuestión del amor.

 

Al que ingrato me deja, busco amante;

al que amante me sigue, dejo ingrata;

constante adoro a quien mi amor maltrata,

maltrato a quien mi amor busca constante.

 

Al que trato de amor, hallo diamante,

y soy diamante al que de amor me trata,

triunfante quiero ver al que me mata

y mato al que me quiere ver triunfante.

 

Si a éste pago, padece mi deseo;

si ruego a aquél, mi pundonor enojo;

de entrambos modos infeliz me veo.

 

Pero yo, por mejor partido, escojo;

de quien no quiero, ser violento empleo;

que, de quien no me quiere, vil despojo.

 

En relación con la poesía filosófica hemos escogido el soneto “En perseguirme, mundo, qué interesas”. La estrofa cumple con el canon del barroco pues recoge temas típicos como el amor, el tiempo, la apariencia, el uso del hipérbaton, de los contrastes y antítesis. Y, sobre todo, su afán y pasión por el conocimiento:

El soneto comienza con una personificación o prosopopeya del Mundo, poniéndolo con mayúsculas para representar el agobio social que la persigue, que le repite a cada paso qué se espera de ella. Pero, el retruécano del final del primer cuarteto señala precisamente cuales son los intereses de Sor Juana: cultivar y enriquecer el intelecto y no su belleza física. Destaca también su rechazo por aquellas cosas superficiales tan valoradas en su época y aún en la actualidad, además reafirma su inteligencia pues el juego de palabras demuestra su capacidad mental y la riqueza que habita en su pensamiento, así, no sólo lo dice, además lo demuestra y lo señala.

El terceto primero apunta que, para ella, la belleza es efímera y esporádica y que más tarde será “despojo civil de las edades''. Despojo, pues, es un residuo que se puede perder o que no pertenece a nadie. En lo que respecta a civil, se refiere concretamente a una norma social que no es natural sino impuesta. Civil entonces es sinónimo de artificial; de las edades porque con el tiempo todo se acaba. Otra vez vuelve la idea de que la riqueza es falsa, superficial y lo enfatiza con el “fementida”. El calambur de fementida puede leerse “fe mentida”, y reitera la idea de que la riqueza puede causar fe, pero esa fe miente.

 

¿En perseguirme, mundo, qué interesas?

¿En qué te ofendo, cuando sólo intento

poner bellezas en mi entendimiento

y no mi entendimiento en las bellezas?

 

Yo no estimo tesoros ni riquezas,

y así, siempre me causa más contento

poner riquezas en mi entendimiento

que no mi entendimiento en las riquezas.

 

Yo no estimo hermosura que vencida

es despojo civil de las edades

ni riqueza me agrada fementida,

 

teniendo por mejor en mis verdades

consumir vanidades de la vida

que consumir la vida en vanidades.

 

Es un hecho que Sor Juana reflexiona acerca de los temas propios del barroco, y muestra un especial interés hacia el paso del tiempo. Este es uno de los grandes tópicos del barroco, todo lo material es aparente, es pasajero, es caduco, como la fama, la gloria o la belleza que destruye el tiempo.

Por último, comentaremos uno de los poemas más famosos, aunque no por ello menos importante. Se trata del poema filosófico-satírico “Hombres necios que acusáis: en el que Sor Juana plantea que los hombres ocasionan el comportamiento sexual femenino que ellos mismos luego censuran.

La sátira es un subgénero que viene desde la antigüedad clásica y que tiene por finalidad la crítica, o la censura mediante diversos argumentos.

El poema aborda el tema del trato desigual de la mujer por parte de los hombres y de la sociedad. Está compuesto por 16 estrofas de tipo redondilla. En él se anuncian cuestiones relacionadas con la actitud injuriosa y contradictoria de los hombres hacia las mujeres, también a la doble moral de los mismos y de la sociedad de la época.

El poema comienza sentenciando al hombre, al cual se dirige. La voz poética, en este caso sería una mujer, toma una postura crítica hacia la forma en que el hombre actúa de manera hipócrita, egoísta e impulsiva hacia la mujer. Pero, ¿cuál es la razón?

Veamos, esta postura crítica de Sor Juana Inés de la Cruz emerge en un mundo desigual y patriarcal. En el siglo XVII, esta religiosa defiende la figura femenina y su valor. Este poema parece ser una llamada de atención al trato y lugar que los hombres daban a las mujeres de su época.

En cada uno de los versos se pone en evidencia la actitud injuriosa y difamatoria del género masculino hacia el femenino, así como todos los defectos que los hombres poseen, los cuales utilizan para calumniar a las mujeres.

Resulta muy curioso que sea una monja quien habla de estos temas profanos, aunque esté enclaustrada tiene conciencia de estas relaciones que se establecen entre los hombres y las mujeres en una sociedad tan desigual para ellas.

Los califica de hombres necios, es decir faltos de sentido porque desean una mujer ideal, pero la quieren conquistar, aunque más que de conquista deberíamos hablar de seducción para lograr poseerlas.

 

Hombres necios que acusáis

a la mujer sin razón

sin ver que sois la ocasión

de lo mismo que culpáis:

 

si con ansia sin igual

solicitáis su desdén

¿por qué queréis que obren bien

si las incitáis al mal?

 

Combatís su resistencia

y luego, con gravedad,

decís que fue liviandad

lo que hizo la diligencia.

 

Parecer quiere el denuedo

de vuestro parecer loco

al niño que pone el coco

y luego le tiene miedo.

 

Queréis, con presunción necia,

hallar a la que buscáis,

para pretendida, Thais,

y en la posesión, Lucrecia.


¿Qué humor puede ser más raro

que el que, falto de consejo,

él mismo empaña el espejo

y siente que no esté claro?

 

Con el favor y el desdén

tenéis condición igual,

quejándoos, si os tratan mal,

burlándoos, si os quieren bien.

 

Opinión, ninguna gana;

pues la que más se recata,

si no os admite, es ingrata,

y si os admite, es liviana.

 

Siempre tan necios andáis

que, con desigual nivel,

a una culpáis por crüel

y otra por fácil culpáis.

 

¿Pues cómo ha de estar templada

la que vuestro amor pretende

si la que es ingrata, ofende,

y la que es fácil, enfada?

 

Mas, entre el enfado y pena

que vuestro gusto refiere,

bien haya la que no os quiere

y quejáos en hora buena.

 

Dan vuestras amantes penas

a sus libertades alas,

y después de hacerlas malas

las queréis hallar muy buenas.

 

¿Cuál mayor culpa ha tenido

en una pasión errada:

la que cae de rogada,

o el que ruega de caído?

 

¿O cuál es más de culpar,

aunque cualquiera mal haga:

la que peca por la paga,

o el que paga por pecar?

 

Pues ¿para qué os espantáis

de la culpa que tenéis?

Queredlas cual las hacéis

o hacedlas cual las buscáis.

 

Dejad de solicitar,

y después, con más razón,

acusaréis la afición

de la que os fuere a rogar.

 

Bien con muchas armas fundo

que lidia vuestra arrogancia,

pues en promesa e instancia

juntáis diablo, carne y mundo.

 

Y para finalizar y a modo de conclusión señalar lo que supuso la pasión por el conocimiento para sor Juana, esa curiosidad intelectual condenada por los Padres de la Iglesia y por los teólogos desde San Agustín a Calvino y, que sin embargo, fue rehabilitada gracias al trabajo del pensador inglés Francis Bacon, el padre del experimentalismo inglés para quién en algún momento la totalidad del conocimiento puede hacer las funciones como una forma mental de patria, como el territorio nutricio. De este modo, el lema que Francis Bacon adoptaría, Plus Ultra, podría ser perfectamente suscrito por la propia Sor Juana Inés de la Cruz para cuyo afán de saber no había fronteras impuestas en ningún caso ni siquiera a veces por la propia naturaleza.







sábado, 29 de septiembre de 2018

Conferencia: Dinámica familiar y el nido vacío


El pasado día 17, dentro del ciclo de conferencias que organiza ASPROJUMA, me tocó en suerte disertar sobre el tema Dinámica familiar y el nido vacío. Para las personas interesadas en el asunto que no pudieron acudir, transcribo el texto íntegro de la conferencia.
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Conferencia: Dinámica familiar y el nido vacío 
Ponente: Antonio Porras Cabrera 
Psicólogo y enfermero especialista en salud mental. 
Profesor titular de la Escuela Universitaria de Ciencias de la Salud. Universidad de Málaga. 
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Buenas tardes. 

En primer lugar quiero agradecer la invitación y la presentación que de mí se ha hecho, así como la presencia de todos ustedes, y mostrar mi satisfacción por poder compartir mi visión de este tema con todos los presentes. 

Hablar del nido vacío ante un auditorio que, en gran parte, ya pasó por esa experiencia, tiene un cierto riesgo, cuando no atrevimiento. Porque no existe una única forma de afrontamiento de la situación, ni las circunstancias de cada pareja son las mismas en la relación con sus hijos, lo que lleva a considerar este momento como algo singular y específico de cada caso. 

En ese sentido comentaremos aspectos de la creación de la pareja, el proceso evolutivo de su relación, los ciclos vitales, las microculturas familiares, la actitud parental, la forma de acompañar a los hijos en su crecimiento, el rol de los padres, etc. hasta concluir en la situación final del abandono del hogar por parte de los hijos, que según como se viva y gestione por parte de los progenitores podrá desencadenar el llamado “Síndrome del nido vacío”. 

Comencemos pues diciendo que el nido vacío es una situación que se da en un momento de la vida y que, en función de cómo se haya desarrollado esta, podrá ser una etapa más o menos conflictiva, pudiendo generar un síndrome perfectamente definido. Un síndrome es un conjunto de signos y síntomas que definen un estado patología o un trastorno psicológico más o menos severo del sujeto, como veremos más adelante. Por tanto, para poder comprender el estadio final, es conveniente entender antes, como ya he dicho, cuál ha sido el proceso relacional de la familia, cómo se han educado los hijos y qué variables se han dado, con objeto de valorar la situación final y la capacidad de afrontamiento del cambio vital por parte de la pareja o del sujeto afectado por esa situación. 

Conformación de la pareja. 

La relación de pareja se inicia, como bien sabemos, con el enamoramiento… esa extraña situación que se da tras un proceso seductor de características muy variables según cada caso. 

Yo siempre mantuve que el enamoramiento es un delirio en el que se le otorga a la otra persona valores que no posee. La persona de la que nos enamoramos es la más extraordinaria del mundo y aquella que encaja con nosotros a la perfección para forman una unidad inquebrantable con la que nos vamos a entender de maravilla a la hora de crear y establecer nuestra familia. Ese pensamiento es impermeable a la argumentación lógica. El sujeto está enamorado, abducido por los encantos del objeto de su amor, embelesado por la magia y el hechizo de su presencia. 

En esta etapa renuncia uno a su lugar y acaba colocándose como servidor del otro. Se preocupa más del bienestar de la otra persona que del propio:

- Lo que tú quieras, cariño. 
- Qué te apetece hacer. 
- Tus deseos son órdenes para mí. 

Etapa idílica que puede concluir cuando la realidad se impone, es decir, cuando se forma esa unidad familiar y se han de afrontar los problemas reales. Cuando se pasa del 

- “lo que tú quieras ”al 
- “eso que dices no tiene sentido” 

Del 

- “Tus deseos son órdenes para mí” al 
- “Antes lo hacías y ahora no”. 

Y aparecen reproches: 

- Tú ya no eres el que o la que eras. 

Esta frase, para mí, no deja de ser una simpleza, pues claro que nadie es el que era tiempo atrás, si no cómo sería la evolución personal desde la infancia a la senectud. Pero también, y eso es lo más importante, cuando aparecen las diferencias de criterio a la hora de enfocar o resolver los problemas comunes. Los primeros roces no suelen ser dramáticos, pero afloran ciertas dudas y desavenencias que se tapan, de momento, con ese amor del que nació la pareja. Yo creo que lo inteligente es ir aceptando las circunstancias de la vida, gestionarlas con sentido común y, apoyados en ese enamoramiento, procurar establecer contratos de relación de acuerdo a las nuevas situaciones que se dan con las crisis, de tal forma que refortalezca la pareja. 

En la situación del conflicto ya hemos dejado de estar a disposición de la otra persona, para satisfacerla, o sea en su propio campo o interés, y hemos pasado a la zona de defensa de nuestro campo. El conflicto, que es inevitable, salvo que exista sumisión inquebrantable, se ha de producir ante la diferente forma de ver una situación nueva, o de crisis, generada dentro o fuera de la pareja. 

Las crisis se presentan cuando cambian las cosas, cuando los sujetos en su relación con el entorno aprecian formas diferentes de afrontar las situaciones cambiantes. Ahora bien, en función de la habilidad y capacidad de afrontamiento, el resultado será diferente. Si existe una cultura de entendimiento y toma de decisiones razonadas y democráticas por ambas partes, la solución a la crisis no tiene por qué ser traumática, sino que sirve para consolidar la relación. Eso sí, en muchos casos devienen en separaciones ante la imposibilidad de resolver los problemas y reconducir la relación. 

Yo suelo decir que hay tres circunstancias determinantes que condicionan la pareja: 

1. La pareja se apoya para que cada cual pueda autorrealizarse y entonces tenemos “garantizada” la felicidad o, al menos, una mejor convivencia. 

2. La pareja, aunque no se apoya al haber evolucionado en relativa divergencia, al menos no se estorba y comprende que cada uno tiene derecho a autorrelizarse desde la madurez psicológica de ambos. Con lo que no tienes una pareja sino un compañero de piso. 

3. Una tercera situación en la que cada cual quiere que el otro se adapte a sus exigencias, donde ambos se están estorbando y sacando continuamente la munición del arsenal para librar las batallas o discusiones. En esa guerra es imposible convivir, con lo que lo aconsejable puede ser una separación pactada. 

¿Situaciones intermedias? Haberlas haylas porque ningún planteamiento de estos es estanco y, por tanto, podemos pasar de un estadio a otro con cierta facilidad, incluso, según el estado de ánimo en un momento puntual cargado de ambigüedad, lo que lleva, muchas veces, a perpetuar la crisis al amparo de otros nexos de dependencia, económicos, familiares, sociales, etc. como ocurre en bastantes parejas. 

En todo caso, aquí quiero hacer alusión al posible desmontaje del enamoramiento, en estas circunstancias, aceptando la realidad de la otra parte, es decir que aquellos atributos que le otorgábamos antes, ya no son verdad sino mentiras que nos habíamos creído de forma directa o inducida por el proceso de seducción, donde el seductor presenta lo mejor de su repertorio y esconde sus miserias. 

Esto me lleva, dado que me gusta tanto jugar con las palabras, a descomponer la palabra enamoramiento, resultando EN AMOR (A) MIENTO. Es decir que el enamoramiento es una mentira que nos montamos en el proceso de seducción, un delirio en el que otorgamos méritos y valores a la otra persona para reafirmar nuestro amor. Tal vez, aquí, nuestro subconsciente esté estructurando el pensamiento para evitar una disonancia cognitiva. (Disonancia cognitiva de Festinger (1957): Las personas nos sentimos incómodas cuando mantenemos simultáneamente creencias contradictorias o cuando nuestras creencias no están en armonía con lo que hacemos). 

Ahora creo conveniente traer a colación esta idea de Erich Fromm sobre la diferencia entre enamorarse y amar: 

“Cuando estamos enamorados nos parece que nuestra pareja es perfecta y la persona más maravillosa del mundo. Esa es la diferencia entre enamoramiento y el amor.” 

“Empezamos a amar cuando dejamos de estar enamorados”. 

(Erich Fromm en su libro "El Arte de Amar") 


Finalmente, para concluir este apartado, bajo mi opinión, no es lo mismo AMAR que QUERER. 

Platón, en los diálogos de Sócrates con el joven Lisis, refiere que: "el amor es desear que la persona amada sea lo más feliz posible". 

Sin embargo la palabra querer (que proviene del latín quaerĕre: tratar de obtener, buscar) tiene un significado más egoísta (desear, apetecer) aunque en la RAE se le acepte como sinónimo de amar. 

La diferencia, pues, estaría en: 

Amar: Desear que la persona amada sea feliz (Relación objetiva) 
Querer: Tratar de obtener lo que se desea o apetece (Relación objetal) 

Los dos elementos están presentes, y suelen ir balanceando, en la relación de pareja. Si se le da al verbo querer su matiz posesivo, puede acabar la relación en una asimetría donde uno de los miembros se somete al otro. Yo entiendo que, aquí, es muy importante el respeto al rol y su negociación desde la libertad y compromiso mutuo. Pero no es menos importante que el amor asume una función balsámica de la relación, es decir, facilita que el querer no sea posesivo, que la cobertura de las necesidades no sea por imposición o por exigencia asimétrica de deberes, sino por mutuo amor. 

La clave, como ya he apuntado antes, estaría en la gestión de la convivencia en el día a día. En la capacidad de resolución de problemas y en el ajuste sistemática de ambas evoluciones personales para seguir manteniendo una relación sana resultante del proceso homeostático elaborado desde el respeto compartido, el compromiso y el buen flujo comunicacional ante cualquier incidencia. 

Nosotros, ante esa perspectiva, vamos a tratar de clarificar y comentar algunas de esas variables, como son: 

· El concepto de ciclo vital. 
· El modelo familiar y su microcultura. 
· Los procesos educacionales de los hijos. 
· Para desembocar en la situación final con el síndrome del nido vacío. 

Ciclo vital 

El ciclo vital humano es el resultado de la interacción entre factores biológicos y socioculturales entre los que se debe considerar el género. Es decir, a caballo de la genética y el ambiente. Abarca desde el nacimiento hasta la muerte y se desarrolla a lo largo de toda la vida. 

Se divide en etapas, que son fases del desarrollo humano en el largo caminar de su existencia y no están, forzosamente, relacionadas con la cronología. Existen variaciones en la determinación de las etapas, según qué autores, peo yo, dentro de esas fases, enumero las siguientes: 

· Infancia-niñez. Hasta los 12 años aproximadamente. 
· Pubertad-adolescencia. Desde las 12 a los 20. 
· Adultez. Desde los 20 hasta el final de la crianza de los hijos. 
· Vejez y senectud. Hasta la muerte. 

Cultura social y microcultura familiar: 

La cultura social se consolida y define en función de principios, valores, ideas, creencias, ritos, hábitos, mitos, etc. que caracterizan a una sociedad. No es lo misma la cultura judeocristiana que la musulmana, la hindú, o la bosquimana por decir algunas. En todo caso la globalización nos está acercando mediante la influencia de la comunicación. 

Cada una de estas culturas sociales tienen una peculiaridad que las delimita como un sistema abierto y, dentro de las mismas, siguiendo la teoría sistémica, encontramos subculturas jerarquizadas hasta llegar al propio sujeto come expresión individualizada. 

En este sentido, la familia es una unidad cultural singular con características propias donde se matiza la cultura social de su entorno. Es decir, cada familia tiene una forma de aplicar los valores, principios, ideas, creencias, hábitos, etc. en la dinámica de su estructura funcional. Por tanto crea un espacio de microcultura propio, donde se enmarca su relación sistémica. 

Esto tendrá especial importancia de cara al ajuste en la nueva pareja en tanto los hábitos y costumbres aprendidos de uno y otro pueden coincidir o no. 

El nuevo modelo familiar. Microcultura resultante: 

Por tanto, cobra especial relevancia la microcultura familiar de procedencia, ya que tendrá gran influencia en la creación de la nueva familia y la interrelación de sus miembros. Cada uno viene condicionado, en gran medida, por lo que vivió en su casa, cómo se educó y los valores y hábitos que fue adquiriendo. Si bien el entorno social puede matizarlos a través del proceso de socialización personal. 

La tarea de la pareja, aunque solo tenga conciencia de ello de forma subliminal, es precisamente establecer o crear una microcultura propia que suele ser de fusión entre la de ambos miembros, lo que conllevaba consensos y acuerdos en las divergencias. Existen matices que pueden generar controversias con relación a cualquier situación, o forma de actuar ante ella, como, por ejemplo, el trato a los hijos, la relación con el entorno familia, los hábitos de ocio, la forma de acometer los problemas, si los niños se bautizan o no, etc. todo ello como posicionamientos influidos por la microcultura de procedencia. 

Es decir, que mediante el proceso de resolución de conflictos y los acuerdos consiguientes, se establecerá una dinámica que definirá una nueva microcultura familiar propia. A este proceso lo identifico con la aplicación de un “contrata tácito” de relación, o sea con los acuerdos que se van estableciendo de forma automática en función de las conductas de cada uno de los miembros de la pareja. Recurriendo al ejemplo, diré que si el marido llega a casa tarde sistemáticamente y la mujer no dice nada, esa conducta se acabará estableciendo como un derecho o conducta asumible dentro de la relación, pero si tiene una bronca con su pareja por este hecho, desde el primer momento, lo podrá entender como conducta inapropiada o rechazable, firmando en su mente la primera cláusula del contrato tácito. 


Actitud parental en la educación de los hijos. 

En todo caso, la microcultura familiar tiene gran influencia en la actitud parental como método de educar de los hijos de cara a forjar adultos maduros. Hay descritas diversas formas de actuación de los padres con relación a los hijos, de las que extraigo estas cinco que enumero: 

· Impositiva. Que se caracteriza por padres autoritarios y exigentes, impositivos y no razonables. 

· Participativa. Donde a los hijos se les enseña a razonar en las decisiones que se toman y en las cosas que se les corrigen. 

· Paternalista-hiperprotectora. Son excesivamente proteccionista, protectora, evitando enfrentar a los hijos a todas las circunstancias adversas, los que les complica su proceso de maduración. 

· De laissze-faire (Dejar hacer). En este caso se deja que los hijos evolucionen por sí mismos sin intervenir los padres. Dadas las circunstancias el matiz del tutelaje es muy importante. 

· De doble vínculo. Lo podemos entender como un desacuerdo entre padre y madre en la sistemática educativa, descalificación mutua, con diferentes formas de expresar los propios sentimientos y las conductas a establecer, lo que puede llevar a una desorientación, inseguridad y desorden mental en el niño. 

En mi opinión personal (para expresarla de forma gráfica lo comparo como transitar por el camino de la vida) hay tres momentos en la relación con los hijos que requieren diferentes actitudes de los padres en el acompañamiento para el desarrollo de los mismos, considerando, como ya he referido, que estos apartados actitudinales no son estancos, sino etapas de prevalencia de unos sobre otros: 

1. Etapa infantil. Debemos ir delante, dándoles la mano e indicándole los obstáculos y las formas de superarlos, protegiéndoles como máximos responsables de ellos y transmitiéndoles seguridad mientras se les va enseñando a caminar por la vida, además de responsabilizarnos de su mejor calidad de vida. 

2. Etapa juvenil o púber. Continuamos llevándolos de la mano, pero ya no van tan detrás, sino que los ponemos a nuestra altura para ir debatiendo el afrontamiento y solución de los conflictos o circunstancias que se les vaya presentando. En este caso les vamos adiestrando en la toma de decisiones pero haciéndoles partícipes activos de las mismas y manteniendo la mutua confianza. 

3. Etapa de adulto. El hijo es mayor, toma sus decisiones y es “dueño” de su destino. Nosotros iremos detrás para ayudar, pero si él lo pide. No nos debemos inmiscuir invasivamente en su vida, sino adoptar una posición inteligente que nos permita seguir manteniendo una relación de mutuo respeto con los matices que puedan desprenderse de nuestra cultura familiar, sin entrar en conflicto. 

Hago aquí un receso para una breve reflexión sobre los dos tipos de rol parental que nuestra sociedad adjudica a los padres a través de la evolución social de los últimos años. Nos encontramos con: 

· El rol clásico. Padre autoridad y madre nutriente, donde cada cual asume su papel hasta el punto que la madre, ante una falta de los hijos, acaba amenazando con un: “Ya verás cuando venga tu padre”, o que el padre no asume el cuidado ni la necesidad alimenticia de los hijos: “Si tienes hambre pídele a tu madre de comer”, o “Carmen, el niño se ha hecho caca, cámbialo”. Es el rol que hemos vivido la mayoría de la generación nacida antes del último cuarto del siglo pasado. 

· El rol moderno. Es el que impera más en las parejas actuales. Ambos corrigen y nutren, asumen su papel sin desviarlo al otro. La crianza es una actividad compartida y responsabilidad de los dos. En todo caso, las distribución de actividades viene más condicionada por el acuerdo entre las partes en función de la disponibilidad y habilidad de cada cual. 


El feedfack de los hijos a los padres 

En el sistema familiar todos los miembros interactúan, por tanto los padres deberían valorar el feedback que le dan los hijos para observar si sus orientaciones son bien entendidas y efectivas. 

Como en este texto no puedo ofreceros el video proyectado en la conferencia donde un niño de cinco años le indica a la madre como debe tratar a su hermanita de tres, transcribiré el diálogo. 

El hecho es que la madre le permitió a la niña de tres años jugar con la condición de que al final recogiera los juguetes, pero dado que no los recogía, esta le regañó en voz excesivamente alta, por lo que la niña rompió a llorar y no respondía a la demanda de la madre. Ante este hecho la madre malhumorada se fue a la cocina, indicándole que si no recogía los juguetes tendría un castigo y, al poco tiempo, aparece el niño mayor con la hermana de la mano para hablar con su madre. He aquí la conversación: 

- Niño: Si te enfadas con Carmen, Carmen no te hará caso, pero si no te enfadas te hace caso; solo que ella no entiende, es chica, es pequeña… 

- Madre: Bueno y qué. 

- N. Y si no hace caso le tienes que explicar qué significa lo que estás diciendo. 

- M. ¿Y si no me hace caso aunque lo explique muy bien explicado? 

- N. Mira, le tocas así (el niño acaricia a la hermana), le das besitos, le abrazas, le cuidas muy bien, le coges y así te hace caso… yo lo he probado. 

- M. ¿Tú lo has probado… y te funciona? 

- N. Siempre. 

- M. ¿Y si aun así no hace caso? 

- N. Sí hace caso, es muy raro si no lo hace. 

- M. ¡Eh! 

- N. Y si le echas así el pelo (le echa el pela hacía atrás mientras Carmen se toca la nariz) te hace más acaso todo el rato… 

- M. Deja de tocarte la nariz, Carmen. 

- N. ¿Vale mami? 

- M. ¿Si le toco así el pelo me hace más caso? (Carmen ha dejado de tocarse la nariz) 

- N. Sí, mira… y ahora como lo has dicho “suavito” ya no se toca la nariz. Ves, funciona (la madre sonríe) hay que decírselo “suavito” 

- M. Ya, voy a intentar no enfadarme con ninguno de los dos. ¿Contigo también funciona eso? 

- N. Sí, todos los niños somos iguales. Vamos a seguir recogiendo. Ya está, ya hemos terminado (La niña le sigue para ir a recoger los juguetes). 



Algunas enseñanzas del video: 

Advertencia: Si te enfadas con Carmen ella no te hará caso. 

¿Por qué?: Ellas es pequeña y no entiende. 

¿Qué hacer?: Le tienes que explicar lo que significa lo que estás diciendo. 

¿Cómo?: Le tocas así, le das besitos, le abrazas, le cuidas muy bien, la coges… (La hace receptiva) 

Concluye: Yo lo he probado y siempre funciona, es muy raro si no lo hace. Como lo has dicho “suavito” ahora no se toca la nariz… ves, funciona. Todos los niños somos iguales. Conmigo también funciona. 

Termina: Vamos a seguir recogiendo, ya está… 


Tras esta interesante conversación entre el hijo de cinco años y la madre, hemos de pararnos a ver, también, la influencia que los hijos pueden ejercer en la relación con los padres, en base a su inteligencia intuitiva, por lo que hablaremos de tres grupos, remarcando que la estanqueidad entre ellos no existe, dándose la tendencia hacia uno u otro con mayor o menor prevalencia: 

· Hijos manipuladores. Son aquellos que se aprovechan de las desavenencias para sacar el máximo provecho o rentabilizar comportamientos. Saben de su influencia en los padres y sacan tajada de ello. Juega un papel importante la ganancia secundaria a algunos tipos de conducta, bien sean relacionales o expresiones de patologías que atrapan a los padres. 

· Hijos confrontadores. Es un ejercicio de poder e influencia sobre los padres. Tienen identificadas aquellas situaciones que les permite ejercer ese poder y las practican. Es el niño rebelde que se opone a los designios parentales intentado prevalezcan los propios. 

· Hijos colaboradores. Razonan y entienden a los padres y sus diferencias, procuran evitarlas y diluirlas para que no se produzcan. Colaboran en las actividades que los padres les asignan y suelen ser obedientes. Es el prototipo que en el análisis transaccional identificaríamos como (estados del yo) “niño adaptado” en contra posición la “niño rebelde”. 



Proceso de emancipación: 

En este caso consideraremos el cómo y cuándo se da el estado de emancipación de los hijos, las circunstancias que provocan el nido vacío. El hecho se puede dar por: 

· Preparación y madurez de los hijos. El hijo ya es mayor, adulto, y su grado de independencia permite se vaya a vivir fuera de casa, bien solo o en compañía. Es un hecho normal que no debe causar trauma alguno. 

· Por necesidades de estudio. Cuando es imprescindible que el hijo o la hija deba cambiar el domicilio por causa de los estudios. Es una circunstancia de preocupación para los padres, según la situación que sea y la confianza, o el miedo, que se tenga con relación a la capacidad de afrontar el hecho nuevo por parte de los hijos. 

· Por cuestiones de trabajo fuera de casa. En este caso se sobreentiende que el hijo está capacitado para afrontar la situación dado que es responsable ejercitando su trabajo. Los miedos de los padres a nuevas situaciones no desaparecen por ello. 

· Por conflicto intergeneracional. Tal vez este sea el mayor conflicto que pueda presentarse a los padres dado que es consecuencia de una controversia con el hijo o la hija. Los hijos se van dando un portazo o echados de la casa por los padres ante la imposibilidad de una buena convivencia, lo que suele generar grandes preocupaciones y conflictos. 

· Por matrimonio o convivencia con su pareja. Es el más natural y el deseado, o esperado, que nuestro hijo o hija se vaya cuando forma otra familia… es ley de vida, se puede decir, en nuestra cultura, no así en la anglosajona que se suelen emancipar antes como forma natural de independizarse. 

El vuelo del pájaro y el retorno al nido con su pareja: 

El pájaro voló… ¿hacia dónde va? ¿Cómo le irá la vida? Preocupación en los padres según haya sido la salida del nido y la circunstancias que la han provocado. Pero lo habitual, y a ello nos referiremos, es que haya formado su propia familia y establezcamos una relación con ella desde cierta simetría. En todo caso, nuestro hijo o hija, sin dejar de serlo, ha pasado a ser más de su pareja, desde el aspecto convivencial y relacional. Por tanto: 

· Vuelve con pareja. Pareja estabilizadora vs desestabilizadora. Siempre que se introduce un nuevo elemento en un sistema se desarrolla un proceso homeostático que lo asimila, condicionando la propia relación en el sistema. La relación entre padres y nueras o yernos pueden ser especialmente delicada si no somos capaces de establecer y asumir los límites que separan los nuevos sistemas familiares. Si somos excesivamente invasivos, entrometidos, le podremos crear un problema a nuestros hijos. A la vez deberemos defender nuestra parcela, poniendo los límites inteligentemente, para evitar que se produzca la invasión o intromisión de ellos. 

· La irrupción de los nietos… un nuevo compromiso de cuidados. La llegada de los nietos nos llena de satisfacción. Los seres humanos, que llevamos troquelada la misión de la perpetuación de la especie, sentimos que en los nietos está la trascendencia generacional, por lo que se nos cae la baba con ellos, como se suele decir. Nuestra disposición puede ser total, o limitada, para ayudar en la crianza de los nietos, lo que nos puede crear ciertas responsabilidades que nos sobrepasen dada la edad y nuestros hábitos, tanto personales como de cuidados hacia los niños, que podrían chocar con los de los padres del nieto. Este es, pues, otro campo de gestión de las emociones y las relaciones paterno filiales. 


Los conflictos en la pareja de los hijos: 

Existe otro aspecto sobre el que me gustaría comentar, como es la relación dentro de la pareja de nuestros hijos, donde cabe reseñar: 

· Una dinámica de relación propia entre los hijos y su pareja. Deberemos respetarla sin entrometernos, conocedores de que ellos están fraguando su propia familia y han de interactuar, con o sin conflictos, para perfilarla. 

· Las vivencias en los conflictos de los hijos y sus parejas. Desde ese sentido podremos angustiarnos y hacer nuestras las preocupaciones de nuestros hijos, sin poder evitar las emociones y sentimientos que nos despierten. Pero esa percepción es producto de nuestro análisis personal con el sesgo del amor parental. 

· El papel de los padres. (Ojo a ir por lana y salir trasquilado…). Sabiendo que han de gestionar ellos su propio contrato relacional, bajo una dinámica exclusiva, nosotros deberemos mantener cierta neutralidad, actuando de consejeros, si nos lo solicitan o vemos que es estrictamente necesario aportar nuestra opinión, pero con la mesura y la asepsia necesaria para no entrar en confrontación con la otra parte salvo que la ruptura sea irremisible. Podemos salir trasquilados. 


El nido vacío. Cuando los hijos se van de la casa. 

El nido vacío, como ya sabemos, es una situación que se produce cuando los hijos se van de la casa familiar, y estas circunstancias generan una serie de emociones y sentimientos razonables que debemos gestionar. Entre ellos cabe que afloren los de tristeza, soledad, vacío, ansiedad, melancolía, irritabilidad… todo ello como signos del duelo por el que se transita al perder la presencia de los hijos en el hogar familiar. 

Es posible que los padres, en estas circunstancias, se puedan plantear algunas preguntas existenciales, como: ¿Quién soy yo? ¿Hacia dónde voy ahora? ¿Qué me interesa en este momento? ¿Cómo le doy sentido a mi vida? Por tanto, esta pérdida nos proporciona una nueva situación que nos ofrece la oportunidad de replantear nuestra vida de otra manera. En todo caso, la situación requiere de un afrontamiento efectivo para evitar el síndrome del nido vacío, si bien, en la mayoría de los casos, el tiempo irá mitigando estos sentimientos hasta recuperar de nuevo el bienestar. 

En un artículo en la revista Cuida tu salud emocional, Dolores Velázquez (Psicoterapeuta) propone 20 medidas para evitar el síndrome del nido vacío, como son: 

1. Acepta la vida como una sucesión dinámica de etapas. 
2. Analiza la situación y tus sentimientos. 
3. Reconoce tu pena. 
4. Alégrate por tus hijos. 
5. Déjales tomar sus propias decisiones. 
6. Mantén la comunicación con tus hijos. 
7. ‘Cambia el chip’ con respecto a ellos. 
8. No crees un santuario en la habitación de tus hijos para recrearte. 
9. No invadas su espacio o te pases el día en la nueva casa de uno de tus hijos. 
10. Dedícate tiempo a ti mismo. 
11. Retoma actividades que hacías anteriormente y a las que tuviste que renunciar por falta de tiempo. 
12. Desarrolla nuevas aficiones y realiza actividades físicas (paseos, excursiones, viajes. etc.). 
13. Estudia algo que te apetezca o aprende un idioma. 
14. Apúntate a alguna actividad creativa. 
15. Habla sobre tus sentimientos con tu pareja. 
16. Refuerza tu relación de pareja. 
17. Procura salir con amigos. 
18. Siéntete útil, ya que es una necesidad propia del ser humano. 
19. Regálate una mascota, te ayudará a no ver la casa tan vacía y silenciosa. 
20. Cuida de tus plantas o cultiva tu propio huerto. 

El síndrome del nido vacío 

Pero si no conseguimos controlar la situación existe el riesgo de caer en el síndrome del nido vacío, que, como ya hemos dicho, está formado por un conjunto de signos y síntomas que lo definen. Recalcamos los aspectos de su definición: 

· Es una sensación de soledad que los padres u otros tutores pueden sentir cuando uno o más de sus hijos abandonan el hogar. 

· Suele aparecer una desadaptación al nuevo estado, por un mal afrontamiento de la situación, con un trastorno afectivo enmascarado de características depresivas con sentimientos de tristeza y pérdida. 

· Suele ser más común en las mujeres que en los hombres. 

· Es más importante en los tiempos modernos en tanto las familias extensas son menos frecuentes. 

Sus síntomas y manifestaciones son: 

· Anhedonia (Incapacidad de disfrutar) con sentimiento de inutilidad. 

· Sentimiento de soledad, una percepción súbita del paso de los años. 

· Apatía, no se siente con ganas de iniciar ninguna actividad ni resolver situaciones. 

· Reclamo de atención, manifestado por la sensación de que los padres quieren inquietar a los hijos que se han marchado. 

¿Cómo afrontarlo? Actitudes constructivas y destructivas: 

· Intentar visualizar la nueva situación. 

· Establecer una relación de adultos entre padres e hijos. 

· Retomar actividades relegadas anteriormente. (Aprender algo nuevo, dedicarse a un hobby. Viajar, lectura, visitar museos, apuntarse a un club, etc…) 

· Disfrutar de mayor libertad. 

· Recuperar las actividades de pareja de forma consensuada para disfrutar de la vida. Reencuentro de la pareja… 

· Mejorar en la cantidad y calidad del tiempo compartido intercambiando pensamientos y sentimientos mediante una comunicación efectiva. 

· Sentirse orgullosos porque los hijos haya conseguido esa emancipación como colofón al proceso educativo. ¡Objetivo cumplido! 

En este sentido, el reencuentro de la pareja, se presenta como una nueva y excelente oportunidad para encauzar la vida en su última etapa, con acciones como, por ejemplo: 

· Vivir la situación como una oportunidad para redefinir y redescubrir la pareja. 

· Incrementar la franca comunicación y el acercamiento. 

· Potenciar la expresiones afectivas (incluida una adaptación de la relación sexual) y de seguridad común. 

· Oportunidad para enmendar viejos errores. 

· Hacer más cosas en común y compartir afinidades. 

· Desarrollar nuevas maneras de estar en contacto con los hijos y los nietos. 


Consolidando la relación final. 

La relación final positiva debe ser el objetivo de toda pareja que pretenda tener una vejez tranquila. Debe estar basada en el respeto y no en la imposición, haciendo posible conjugar lo individual con lo común. Por tanto: 

· Es el momento de cada uno haga balance de su propio proyecto de vida desde la perspectiva personal buscando su paz interior. 

· La pareja no debe ser un impedimento, sino una ayuda para ello. 

· Gestionar esa situación final como la última oportunidad que nos da la naturaleza para el encuentro con uno mismo, con los demás y el entorno. 

· En suma, tomar conciencia madura de la vida en su sentido más amplio.

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Finalmente, tras todo lo dicho y expuesto, solo queda manifestar que espero les haya aportado algo y les sirva como elemento de reflexión para una mejor comprensión de esta etapa de la vida, a veces, tan compleja, donde se dan circunstancias de gran repercusión en el tránsito de la adultez a la senectud, así como manifestar mi agradecimiento por su atención y dar paso al coloquio. Gracias y buenas tardes.